La sal de la tierra
Es curioso esto de crecer.. De un tiempo a esta parte he tomado consciencia de muchas cosas, de esas que, por mucho que escuches en los demás, por muy listo que seas y por mucho corazón que tengas sólo puedes aprender con el tiempo.
Siempre te he escuchado cuando me hablabas de tantas cosas.. Pero es ahora cuando puedo sentir dentro, como parte mía, esa idea, ese concepto que es el querer a los tuyos, el tener la intención de mantenerlos siempre cerca.
Hoy quiero que sepas todas esas cosas que, aunque siempre se sientan, pocas veces se dicen.
Y es que no sabes cuanto te quiero.
Mi vida entera es un cúmulo de recuerdos en los que tú eres todo.
Recuerdo mi infancia en la que tu eras el gigante amable y sonriente que me alzaba y me cantaba. Ahora que estoy en ese punto de la vida en el que me planteo tener un hijo, ahora es cuando puedo ver la parte de la historia desde tus ojos.
Por si no lo sabias, siendo un niño te adoraba, eras el centro de mi vida, mi héroe, mi padre.
Tú con tus canciones y tu forma de hablarme, tú con tu olor que cuando no estabas buscaba entre las sábanas de vuestra cama, tú y tu mano tenaz y trabajadora.
¿Te acuerdas cuando después de bañarme me ponías de pié en el water y me secabas el pelo con ese secador antiguo que teníamos mientras me cantabas lo del “hombre de cromañón”?
No sabes lo feliz que me hiciste con esas cosas, día tras día.
Con el tiempo y la vida, con lo aprendido por vosotros y por mi mismo, he ganado la consciencia del valor tan grande que como persona, como ser humano posees.
Ahora que sé lo que cuesta, sé lo que te ha costado. Ahora que sé lo que quiero, sé lo que has querido. Ahora que sé amar, sé cómo has amado.
Mucho mas allá de la idealización que haya podido hacerme de ti está la realidad, la de tu vida, la de tu origen y el de los tuyos, la de tu historia.
Tú que a golpes de trabajo y de corazón has llegado donde estás no eres una persona cualquiera. Tú eres la sal de la tierra.
Tu eres ese niño que vivió en chabolas de caña y barro, ese que corrió en campos pelados tras una pelota, ese que fue a trabajar antes de tener siquiera la sombra de un bigote, el que vivió la transición desde una fábrica donde competía con el reloj para ver quien gastaba mas las horas, el que tuvo que derribar la puerta de su casa para poder vivir en ella.
Tú que conseguiste salir de tantos baches y has llegado a tu sitio, tú, a pesar de todo, nunca, nunca, faltaste a tu lugar como padre.
Nunca me faltó amor que siempre es lo primero, jamás conocí hambre ni sed, tuve una educación pagada con vuestro sudor y tuve siempre la libertad de equivocarme y la mano abierta para levantarme.
Me has puesto el listón muy alto porque, inevitablemente, tengo la intención de llegar a ser un hombre como el que tú eres, y un padre como el que tú eres.
Y aunque no lo consiga, quiero decirte gracias, gracias por haberme dado esta vida, gracias por tu trabajo y tu celo, gracias por hacerme una persona íntegra y capaz.
Porque si soy así y has de ver algo en mí que te cause orgullo, piensa que al mirarme estás mirando un espejo, un trozo de ti hoy y siempre, soy la herencia de tu rostro y de tu voz que copié casi a la perfección, soy el reflejo que así quiere serlo.
Ojalá llegue algún día en el que pueda mirar a mi alrededor y verme rodeado de tanta gente que me quiera como a ti.
La gente que ha querido estar contigo lo ha hecho sólo por cariño, por amor que tú has sembrado durante toda tu vida, porque la marca que tu has dejado en ellos, en todos nosotros, permanecerá siempre.
Esa marca, ese recuerdo, es lo que somos en realidad después de todo.
El conseguir eso es la mayor lección que he aprendido de ti.
Muchas gracias papá.
Te quiero
Alejandro



Caín dijo
Pues yo quiero felicitar también a tu padre de mi parte porque es un tío grande, con mucho arte, mas listo que el hambre y bonachón como él solo. Por eso y por las barbacoas a las que me ha invitado! jeje
Un abrazo
19 Marzo 2008 | 03:47 PM